La autoestima no es simplemente quererse a uno mismo. Es la arquitectura sobre la que un joven construye su capacidad para no entregarse al juicio ajeno.
Por Pedro Bullón · mayo 2026 · 4 min de lectura
Solemos hablar de la autoestima en la adolescencia como si fuera simplemente quererse a uno mismo o tener confianza frente al espejo, pero en realidad es algo mucho más profundo y determinante. Es la arquitectura sobre la que un joven construye su capacidad para resistir la presión del entorno y, sobre todo, para no entregarse por completo al juicio ajeno. Cuando un adolescente no tiene un sentido sólido de quién es, se vuelve como una hoja al viento: cualquier crítica, cualquier rechazo o cualquier tendencia impuesta por las redes sociales tiene el poder de definir su valor personal.
No se trata de llenar a los chicos de elogios vacíos o de decirles que son los mejores en todo; eso, curiosamente, termina siendo contraproducente porque no resiste el primer contacto con la realidad del fracaso o del error. La verdadera autoestima nace de la competencia interna, de saber que uno es capaz de enfrentar dificultades y salir adelante, aun cuando las cosas no salen bien.
"La autoestima no es una armadura que nos protege de las críticas, sino la certeza interna de que, incluso siendo vulnerables y cometiendo errores, seguimos siendo personas valiosas y dignas de respeto."
¿Qué podemos hacer como adultos?
Como adultos, nuestro trabajo no es aplaudir cada paso, sino ser un espejo donde puedan ver sus propias capacidades. Esto implica permitirles equivocarse y estar ahí para observar juntos las consecuencias, sin necesidad de sermonear. La autoestima real florece cuando el adolescente siente que sus intereses, sus dudas y su forma de ver el mundo tienen un espacio legítimo, sin que los padres estemos todo el tiempo intentando moldearlos para que encajen en nuestras propias expectativas.
- Permite el error: un adolescente que no puede equivocarse en casa aprende a esconder sus fracasos, no a gestionarlos.
- Valida sus intereses: aunque no te parezcan "productivos". Sentirse visto en lo que le apasiona es una de las bases de la autoestima.
- Distingue entre quién es y lo que hace: critica el comportamiento, nunca la identidad.
Al final del día, lo que un adolescente necesita para fortalecer su estima es sentir que es visto en su complejidad. Necesita saber que su identidad no es negociable ante la presión social. Si logramos transmitirles que su valor reside en su capacidad de ser fieles a sí mismos, incluso cuando es difícil, les estaremos dando la herramienta más potente para enfrentar el mundo adulto.
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